La fragilidad como belleza.
En mi versión «intertextual» del mito de Ícaro, este no cayó por accidente. Un dron, «hijo tecnológico» de Dédalo, no soportó la preferencia del padre por el hijo de carne y hueso y prefirió eliminar a la competencia antes que crear vínculos.
La intertextualidad nos permite «dialogar» con otros textos. Es un cruce de referencias donde una obra toma elementos de la tradición o de otras obras.
La pregunta que late en este mito reescrito
¿Por qué Dédalo dio a Ícaro alas de cera cuando pudo dotarlo de motores y sensores? Quizá porque quiso preservar la humanidad de su hijo, aunque eso conllevara el riesgo de caer.
La máquina puede calcular, pero no puede amar. Puede sobrevivir como resultado de la eficiencia de su diseño, pero no puede emocionarse, ni embriagarse con un deseo.
Una lección para nuestro tiempo
En tiempos donde la tecnología promete eficiencia y control, este mito nos devuelve una pregunta importante:
¿Qué hay de malo en ser humano, aunque eso implique caer? La fragilidad es inseparable de la humanidad. La vulnerabilidad también es un tipo de belleza.
Autor: Ana Laura Piera.
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